54. Jahrgang Nr. 1 / Januar 2024
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1. Jenseits
2. Zeig mir deine Wege, Herr
3. Der unfruchtbarer Feigenbaum
4. Ubi non est auditus noli effundere sermonem
5. Take me away
6. Die Welt wird immer verrückter
7. Überlegungen zur Metaphysik des Krieges
8. Katastrophen und Alpträume
9. Nach Gasa werden Juden
10. Warum die kleinen Bauernhöfe
11. Mitteilungen der Redaktion
En busca de la unidad perdida
 
En busca de la unidad perdida

Un llamamiento de P. Courtney Edward Krier, Eberhard Heller y Werner Olles


Cuando el Excelentísimo y Reverendísimo Sr. arzobispo Ngô-dinh-Thuc firmó su Declaratio sobre la vacancia de la Silla Apostólica y el 21 de marzo de 1982 la proclamó públicamente en la iglesia de San Miguel, en la Baaderstraße de Múnich, en esa declaración decía también que estaba dispuesto a hacer todo lo preciso para acabar con la crisis de la Iglesia. Lamentablemente, su fallecimiento el 22 de diciembre de 1984 le impidió hacerlo.

La Declaración de 2000 del padre Courtney Edward Krier, del Sr. Christian Jerrentrup y del Dr. Eberhard Heller (cf. EINSICHT, no. 3 de agosto de 2000) se basaba en la Declaratio del arzobispo Ngô-dinh-Thuc y pretendía mostrar las vías y las medidas que pudieran permitir reconstruir la Iglesia como institución de salvación, después de que ésta hubiera perdido su visibilidad y su unidad.

Con el fin de explicar este propósito y de sumar adhesiones a él, en la primavera del año 2000 Eberhard Heller viajó a México en compañía de su hijo Bernhard y del Dr. Klominsky, para exponer y discutir ahí este proyecto ante la mayor agrupación eclesiástica. De manera inesperada, la nueva Declaración recibió la plena aprobación de todos los miembros de la Unión Trento, dirigida por el obispo Dávila.

Pero cuando llegó el momento de formular propuestas para plasmar ese proyecto en pasos programáticos concretos, los mexicanos se distanciaron. No podían participar en los trabajos para llevar a cabo la idea de una restitución de la Iglesia, pues tenían que limitarse a desempeñar tareas pastorales, para no contravenir al obispo americano Marc Pivarunas, que rechazaba algunos puntos de la Declaración (concretamente la elección papal). Como consecuencia de ello, el mayor grupo de la resistencia católica no brindó su participación para realizar este plan de restitución. De este modo, la Declaración cayó inicialmente en el olvido, puesto que, encima, apenas unos pocos sacerdotes y fieles llegaron a entusiasmarse con la idea de llevar a cabo ese proyecto de restitución.

Desde entonces, es decir, desde el año 2000 hasta hoy, año 2023, nada ha sucedido en relación con una restitución de la Iglesia. Al contrario: esos grupos que todavía pretenden representar la fe de la Iglesia y ser parte de esta Iglesia romana han ido derivando cada vez más hacia sectarismos, porque no cumplen con las bases ni con las condiciones para estar legítimamente cualificados como sacerdotes o fieles católicos. Según se exponía en la Declaración del año 2000, esa cualificación consistiría en que el interés prioritario de los clérigos y los fieles no fuera la atención pastoral, sino la voluntad y el esfuerzo para recuperar la unidad perdida, como prerrequisito para emprender los pasos posteriores hacia la restitución de la Iglesia.

Para ilustrar esta deriva hacia el sectarismo, basta con mirar a las prácticas generales de los sacerdotes de la presunta resistencia. Para empezar, no quieren asumir su verdadera encomienda como pastores. Estos sacerdotes van con su maleta de decir misa de casa en casa, de un lugar a otro, para celebrar ante diversas personas «la vieja misa»… y eso es todo. Van ofreciendo la celebración de la misa igual que un buhonero ofrece su mercancía, haciendo lo justo para contentar a la mentalidad de suministro sacramental que tienen esas personas. Las actividades de estos clérigos se reducen a eso, sin adoctrinar a los fieles. Es decir, no se explica, o directamente se ignora, que esta celebración misal se basa en la fe católica general, con su doctrina eucarística. Los sacerdotes se contentan con limitarse a responder a esta demanda de los fieles y a satisfacerla. De ese modo se degradan a meros administradores sacramentales, no cumplen su misión pastoral y, además, no se ocupan de la vida de los creyentes, a los que se deja abandonados con sus preocupaciones.

En su artículo «Sólo la vieja misa» de enero de 1987, es decir, hace ya 36 años, Heller criticó esta miopía sacramental. Hoy continúa la progresiva disgregación en grupos y grupúsculos cada vez más numerosos, con el riesgo creciente de que se pierda no ya la unidad de la estructura eclesiástica, sino también la unidad en la fe. Ya no hay debates sobre problemas teológicos, como los que aún se hacían en los inicios de nuestra lucha eclesiástica. A raíz de esto, aumenta la perplejidad o se acaba perdiendo el saber teológico sobre cómo se podría superar esta crisis y salir de esta ruina.

Para acabar con esta situación de una vida espiritual y eclesiástica restringida, cuyas limitaciones ve cada vez más gente, los firmantes de este llamamiento remiten de nuevo a la Declaración del año 2000 y les piden a ustedes, estimados lectores, no dejar que vuelva a ser un fracaso, sino llevarla finalmente a cabo. Con la esperanza de que desde entonces, en vista del desastre que se va perfilando, sobre todo los clérigos hayan cambiado de mentalidad, les pedimos cordialmente que colaboren al menos para dar el primer paso hacia la restitución. Ese primer paso consistiría en reunir los pequeños grupos y grupúsculos que ya existen para conformar verdaderas comunidades de fe. Debemos apresurarnos, pues ya se nos ha pasado la hora, y solo si pedimos al Espíritu Santo que nos apoye en nuestros propósitos podemos albergar aún la esperanza de que Dios nos brinde su ayuda.

Pedimos un apoyo resuelto a este proyecto de restitución de la unidad, y una voluntad resuelta a formar parte de esta unidad en la fe y en la Iglesia. Que no nos suceda como a la comunidad de Laodicea, de la que dice el ángel: «Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Ap 3:15-19).

Estimado lector, si usted quiere participar en esta tarea, es decir, en la realización de este plan básico como prerrequisito para la realización de pasos posteriores hacia la restitución de la plena unidad, diríjase por favor a uno de firmantes:

Padre Courtney Edward Krier, email: in_his_service@att.net
Eberhard Heller, email: foto-heller@gmx.de
Werner Olles, email: ditze.olles@arcor.de

Este llamamiento se publica también como separata en todas las lenguas del mundo. Encárguelo por favor en el número que quiera. Distribúyalo entre todos aquellos de quienes usted crea que querrían apoyar nuestro propósito de restituir la Iglesia. En los últimos años, bajo el pontificado de Bergoglio/Francisco, muchos creyentes han visto con (mayor) claridad que esta persona está usurpando la silla de Pedro. Esos creyentes buscan apoyo espiritual. Ayúdelos a que vuelvan a encontrar la luz de la fe verdadera. Si alguna vez se llega a cumplir esta tarea de unificar a las comunidades, se podría dar el paso siguiente para la unidad: elaborar un proyecto para atender a los fieles.

 
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